Hunter

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Enero 2015

La muerte lenta de los pioneros

« Männerschwarm, la primera librería de Hamburgo dirigida a un público gay y precursora de la editorial que publicó los cómics más irreverentes del autor alemán Ralf König, cerró sus puertas en 2015. Habiendo contribuido a alcanzar las metas más urgentes del movimiento de liberación homosexual, terminó siendo víctima de su propio éxito. » Este artículo apareció en el sitio web español huntermagazine.es

Trabajadores de la librería Männerschwarm, ca. 1982
Texto: Evan Romero
Foto: Männerschwarm

Los días están contados para Männerschwarm, la primera librería en ofrecer literatura y películas con temática gay en Hamburgo: cuando ella cierre sus puertas el próximo 24 de enero, se cerrará también un capítulo en la historia de esta ciudad. “Nuestros gastos son altos. Si nos mudáramos a un local más pequeño sólo recuperaríamos el aliento por un año o dos. Después volveríamos a la misma situación que atravesamos ahora. A decir verdad, no tenemos el vigor para darle un nuevo impulso a este proyecto”, comenta Hans-Jürgen Köster, uno de los socios de la empresa cuyo nombre significa “enjambre de hombres” en la lengua de García Lorca.

“Es difícil competir con compañías especializadas en satisfacer la demanda online. Y las librerías gays con sede física han dejado de cumplir algunas de las funciones que tenían originalmente. Por ejemplo, las librerías ya no son el sitio de encuentro que solían ser antes”, agrega su colega Volker Wuttke, aludiendo a factores que han cambiado el rostro de la escena gay en las grandes urbes del mundo, incluidas las iberoamericanas: por un lado, el auge de la interacción electrónica y del cibercomercio; por otro, la abundancia de información en Internet para las lesbianas, los gays, las personas bisexuales, transgénero e intersexuales (lgbti).

Más que una librería, un hito histórico

Gottfried Lorenz, cronista de la comunidad gay hamburguesa, describe la inauguración de Männerschwarm en el barrio obrero de St. Pauli como un hito importante, como un “punto de cristalización” del movimiento homosexual. “En 1981, los gays seguían siendo objeto de acoso sistematizado. Sus fundadores, Dieter Telge y Henning Rademacher, concibieron la librería más como centro contracultural que como negocio, convirtiéndola en sede de reuniones para activistas, eventos artísticos y discusiones de alto nivel. Además, fue la primera fuente de información especializada cuando estalló la pandemia del vih/sida”, cuenta Lorenz.

El aura contestataria de Männerschwarm también atrajo a Ralf König cuando ya se le aclamaba como el autor de cómics más prominente de Alemania. König decidió publicar Bullenklöten (Huevos de toro) con Männerschwarm en 1992. Su éxito fue tan grande que los socios de la librería se vieron obligados a fundar una editorial para mantener separadas las cuentas de ambos negocios: los 3.000 ejemplares pautados para la primera edición de Bullenklöten se vendieron antes de su impresión. De ahí en adelante, a un ritmo casi anual, König siguió publicando sus cómics más irreverentes con la editorial Männerschwarm.

Víctimas de su propio éxito

Pero, ¿cuál ha sido la suerte de las librerías gays y lésbicas en los países de habla hispana? ¿Qué pasó con la mexicana La Décima Letra, de Guadalajara? ¿O con la costarricense Nuestras Letras, de San José? “En los países latinoamericanos ha habido librerías orientadas hacia el público homosexual en diferentes momentos; pero, en este instante, no hay ni una sola abierta. La bonaerense Otras Letras, la primera de Argentina y toda Sudamérica, cerró en 2013. Hoy sólo quedan secciones lgbti en librerías como Voces en Tinta, de México, y La Librería de Barranca, en Perú”, comenta la empresaria española Mili Hernández.

Hernández cofundó en Madrid la primera librería gay de Iberoamérica (Berkana, 1993) y una editorial (Egales, 1995) con miras a publicar los volúmenes relevantes para los lectores queer que las grandes casas editoras rechazaban. Según Hernández, la propia Berkana está pendiendo de un hilo, golpeada por la crisis española, la suspensión de las subvenciones estatales para la cultura, el apogeo internacional de empresas como Amazon y el cambio de hábitos de consumo de la comunidad lgbti de España. Si Berkana desaparece, en ese país europeo sólo quedarán las librerías catalanas Cómplices y Antinous, con sede en Barcelona.

En territorio germano llegó a haber once librerías queer, inspiradas por la popularidad y la viabilidad económica de las pioneras de Berlín (Prinz Eisenherz, 1978), Múnich (Sodom, 1980) y Hamburgo. A partir de febrero, Alemania sólo contará con dos: Eisenherz en la capital y Erlkönig en Stuttgart. La cadena de tiendas Bruno’s seguirá en pie, pero, apartando todo juicio de valor, ésta es percibida más como una sex shop que como una librería. “Algunas de las fuerzas que promovieron la aceptación de las personas lgbti se han vuelto prescindibles tras haber impulsado la liberalización de la sociedad”, señala el historiador alemán Gottfried Lorenz, recordando que ciertos proyectos revolucionarios suelen ser víctimas de su propio éxito.